miércoles, 4 de julio de 2012

La libertad del cautiverio

Hace menos de un mes, en mi cuenta de Twitter, expresé mis quejas por la hipocresía de esta red social o, más bien, de algunos usuarios, que según lo que vean en la foto, biografía y nick califican el tweet de una genialidad o de, con perdón de la palabra, una mierda. 

Resulta curioso que nos hemos quejado desde el origen de los tiempos de Internet, que uno de sus problemas es la falta de expresividad, la ausencia de tono del mensaje, cosa que se solventó aplicando un lenguaje gráfico empleado en los sms o los iconos de chats (muchos de ellos inútiles, todo sea de paso, sirviendo únicamente para ilustrar nicks del messenger), sin embargo ante dos tweets idénticos, a uno le reímos la gracia y a otro no.

Ante mi queja, recibí la siguiente respuesta de un usuario que nunca he seguido y que nunca me ha seguido, o por lo menos, no formando parte de mi lista de seguidores (podría seguirme por alguna lista):


Ante la réplica, contesté que era tan simple como no seguirme, de nuevo, la respuesta fue la siguiente:


Dice la popular frase, la cual no comparto al cien por cien de lo que expresa, que nuestra libertad acaba ''donde comienza la de los demás''. Dicha frase, abanderada de un grueso importante de la población, no obstante, es un arma hipócrita, la típica doctrina que todos afirmamos cumplir y que, realmente, todos nos saltamos a la torera de mil maneras. El usuario anteriormente es completamente libre de expresar su opinión en la primera mitad de la 'discusión', por llamarla de alguna manera. No obstante, en el siguiente tweet ya me está ''privando'' de mi derecho a expresarme. 

Confundimos la libertad de expresión, ese derecho tan manido en televisión y otros medios audiovisuales, con un derecho exclusivamente reservado al periodismo y nos olvidamos que, en otros ámbitos de la vida, cada uno tiene la posibilidad, dentro de un marco legar concreto, de decir lo que le plazca. Cada uno interpretará lo que los demás digan de una manera o de otra según su propia identidad, sus creencias e ideales, no obstante, no podemos imponer nuestro criterio como único.

Ese, en mi opinión, es el gran problema de Twitter, precisamente el último lugar donde se debería dar (a menos que se insulte o acuse de cosas de manera pública que sean realmente importantes, dicho lo cual no creo que Twitter sea el lugar adecuado para ello). En el mundo 1.0, el real, no tenemos la oportunidad de ignorar a una persona, pero aquí nosotros construimos nuestros círculos, nuestra realidad con la gente a la que seguimos, formando parte de otros círculos con los seguidores, los cuales pueden ser gente a la que seguimos o, simplemente, gente anónima a la que no conocemos y que luego podremos conocer en persona, lo cual es un elemento interesantísimo. Sin embargo, parece que hay un sector de los usuarios de Twitter que creen que la red de microblogging es prima hermana de Facebook y que es importantísimo tener a toda la gente que conocemos, a toda la gente que nos gusta y toda la gente que nos interesa. ¿En mi opinión? Creo que debe haber una comunión de los tres, pudiendo excluir en las combinaciones una de las opciones (alguien me gusta y me interesa, pero no le conozco; alguien me interesa y le conozco, pero no me gusta -la cual es un poco más ilógica-; o alguien le conozco y me gusta, aunque lo que diga no me interesa), pero siempre sin olvidar que de la misma manera que cada uno escribimos lo que queremos y lo que nos interesa, los demás lo harán y debemos convivir con sus opiniones y críticas. Es como con la Eurocopa, había quien se quejaba y quien se quejaba de quienes se quejaban. Todos conocemos nuestro Timeline y no podemos pretender cambiarlo si no cambiamos la gente a la que seguimos, porque si no, todos seríamos réplicas del Gran Hermano, manteniendo presa a la gente de sus palabras, aún más de lo que ya lo son. 

Parafraseo lo siguiente de una entrada de F.J. Cristófol, en su blog de La Opinión de Málaga: En realidad, y para quien no lo sepa, esa red social se ha convertido en una burbuja en la que todo se infla. Le damos a todo este mundo una importancia que, si bien es un escaparate para empresas o para nuestro trabajo, realmente no lo tiene. Y es que no podemos olvidar esto: cada uno en Twitter expresa lo que quiere y forma parte de círculos determinados, pero competiremos en los Timelines con cuentas de chistes, de frases profundas, periodistas que sólo tuitean artículos, cuentas de instituciones, cuentas de gente popular, cuentas de gente que no es popular, cuentas de gente que sueltan gilipolleces y cuentas que sueltan cosas interesantísimas. En Internet, todo es subjetivo en tono y hemos de ser conscientes que no todo el mundo pone xD al acabar la frase, y que la ironía, normalmente, es un arma muy sutil.

No podemos olvidar esto, y lo digo por los obsesos matemáticos: tener más followers no te hace un mejor tuitero, ni menos interesante. Y es que, como siempre, cantidad y calidad no siempre van de la mano, aunque no siempre van reñidos.

Y dicho esto, ya he inflado un poquito más la burbuja de Twitter.

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